Las características de la sociedad moderna sitúan a los niños y niñas en nuevos escenarios. A diferencia de la infancia de otros tiempos, los niños de hoy están inmersos en un contexto político y social que se “instala” en la vida familiar, en la escuela, en la calle.
Los medios de comunicación, internet y las redes sociales hacen que la contingencia esté al alcance de los niños y los “afecte”. Los límites, las fronteras que hay entre la infancia y la adultez se han estrechado, producto entre otras cosas, de la globalización y la tecnología, afectando el mundo interno de niños y niñas. Las emociones infantiles actuales, se han poblado de nuevos contenidos. Hay nuevos motivos para los miedos, las incertidumbres, las penas, también para las alegrías y esperanzas.
Hemos puesto la tecnología al alcance de los niños: computadores en sus escuelas, clases con apoyos tecnológicos visuales, nuevos métodos de enseñanza, nuevos contenidos. Sin embargo, cabe preguntarse ¿quién y cómo se está educando emocionalmente a los niños y las niñas para los nuevos tiempos, para las vivencias y emociones que hoy experimentan? ¿Los estamos ayudando a elaborar lo que les pasa con lo que ven en las noticias, en internet, en las redes sociales? ¿Los estamos preparando para que se “paren” bien frente a la adversidad, desarrollen seguridad y confianza? ¿Para que sean resilientes?
La contingencia abre nuevos desafíos a padres, educadores y otros mediadores. Los damnificados del terremoto, los movimientos estudiantiles, ahora, el fatal accidente en que perdieron la vida 21 personas; son hechos que hacen ineludible una respuesta de la comunidad educativa a los niños. Ofrecerles un contexto seguro para que puedan expresarse, mostrar modelos para aprender a escuchar opiniones y experiencias diferentes y darles certeza de que hay adultos que están disponibles para ayudarlos cuando hay situaciones que los abruman, los sobrepasan.
En situaciones como éstas, es necesario y bueno que sus sentimientos y emociones “entren” a la escuela, que puedan encontrar en ella un lugar de contención, un lugar para compartir lo que están viviendo, para que aprender de las opiniones y sentimientos de los otros, para reconocer que todos los niños y también los adultos se afectan con lo que sucede en el entorno.
Es importante que las familias y los profesores, indaguen en el mundo interno de los niños y niñas, en lo que están sintiendo y opinando; que los ayuden a procesar la información y las emociones que están experimentando en los distintos contextos en que se desenvuelven. Lejos de invadir su mundo, estaremos contribuyendo a que sean niños en la sociedad actual.
En el Chile de hoy, las instituciones educativas se ven desafiadas cada vez más, a dar integralidad a la labor educativa, haciendo de la escuela un lugar para aprender a convivir, formar en valores y apoyar el desarrollo socioemocional de niños y niñas.